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¡Es cosa de familia! Kayla Fernández y cómo su familia la llevó a la Liga MX Femenil

¡Es cosa de familia! Kayla Fernández y cómo su familia la llevó a la Liga MX Femenil

El Sueño de Kayla: Desde Florida a la Liga MX Femenil

Kayla creció en Niceville, Florida, junto a su hermana gemela Liliana, donde el sueño de jugar profesionalmente era la meta definitiva. Incluso formaba parte de su ADN, ya que sus padres jugaban fútbol, por lo que naturalmente Kayla siguió sus pasos. Ese sueño desde que era una niña la llevó hasta México, primero a Guadalajara y luego a Toluca. Kayla ha logrado su sueño de la infancia, pero con ello vinieron muchos sacrificios.

Aunque Kayla nació en Tulsa, Oklahoma, se crió principalmente en Niceville, donde había muy pocas opciones para que las niñas jugaran fútbol. Por eso, su papá decidió inscribirlas a ella y a su hermana en el equipo de chicos que él entrenaba. Jugar con chicos significaba que las chicas podían desafiarse a sí mismas a una edad temprana, ya que jugar con chicos significaba que debían jugar más rápido y pensar más rápido. Esto las hizo más competitivas. “Sí, creo que jugar con chicos fue útil. Nos puso a un ritmo más rápido más rápido. Nos preparó para donde estamos ahora.” Kayla jugó con chicos durante años hasta que, junto con su hermana, tuvo la oportunidad de participar en el Programa de Desarrollo Olímpico, que estaba “diseñado para identificar y brindar oportunidades a jugadores de alto potencial”.

Aunque este programa fue una gran oportunidad para las chicas, también vino con un alto precio. Su ciudad natal de Niceville está ubicada más hacia el lado oeste del estado, mientras que los campamentos para el ODP se realizaban en el sur de Florida. Esto significaba que toda la familia pasaría sus fines de semana viajando más de cinco horas en un sentido solo para participar en campamentos donde podrían o no ser elegidas para jugar en partidos. Para muchas personas, esta cantidad de viajes los disuadiría, pero no a la familia Fernández. Como explicó Kayla, era lo que necesitaban hacer si querían desarrollarse, “era simplemente algo conocido en el estado que los mejores de los mejores van a este campamento en el sur de Florida”. Estas largas horas de manejo permitieron que la familia se acercara más, ya que “hubo mucho vínculo familiar”, y esta cercanía es lo que impulsó la decisión universitaria de Kayla.

Cuando llegó el momento de elegir universidades, Kayla no estaba segura de a qué escuela asistiría, pero sí sabía que quería hacerlo junto a su hermana gemela Liliana, ya que “realmente queríamos seguir jugando juntas”. Tenían ofertas de diferentes universidades, pero luego la Universidad de Tulsa pidió a ambas, algo que otras universidades no estaban ofreciendo. Jugar en Tulsa también les dio a las hermanas la oportunidad de jugar donde nacieron, ya que todavía tenían familia allí, lo que facilitaría el proceso de adaptación a la vida universitaria. También significaba que podían disfrutar de cocina casera, “tenía algunas tías allí y todavía podía disfrutar de una comida casera”, recordó Kayla entre risas. La oportunidad de jugar juntas y estar cerca de la familia y amigos con los que crecieron selló el trato para las jugadoras. Sus días universitarios se volvieron aún más dulces cuando tuvieron la oportunidad de reunirse como trío, esta vez con la hermana menor Ashlyn.

La hermana menor de Kayla, Ashlyn, jugó con las gemelas en la escuela secundaria durante un año antes de ir a la universidad. Debido a la diferencia de edad, las hermanas creían que solo tendrían un año juntas en la universidad, pero durante la pandemia de COVID la situación cambió y Ashlyn tuvo la oportunidad de asistir a la universidad temprano y eso es lo que hizo. Las tres hermanas Fernández se reunieron durante tres años en la Universidad de Tulsa. “Estar en la universidad, en la comunidad, en el entorno y luego jugar juntas, fue muy divertido”, recuerda Kayla de sus días universitarios. Después de años de jugar juntas, era hora de un cambio, ya que Kayla se enfrentaba a la vida después de la universidad, lo que significaba separarse de sus hermanas y todo lo que había conocido hasta ese momento.

La decisión de Kayla de jugar en la Liga MX Femenil se remonta a la pandemia de COVID, ya que “nos dio otro rayo de esperanza”, recuerda la jugadora. Durante la pandemia, las hermanas Fernández fueron convocadas a campos de la Selección Nacional, así que se dirigieron a México para presentarse.

  • Kayla siguió su sueño de jugar fútbol profesional en México.
  • La familia Fernández se unió a la Liga MX Femenil durante la pandemia de COVID.
  • El sacrificio y la dedicación las llevaron a lograr sus metas deportivas.

En medio de la pandemia, tres hermanas futbolistas estadounidenses encontraron su camino de regreso a México, un lugar que las cautivó con su liga de fútbol femenino. Todo comenzó cuando las hermanas conocieron a Jen Muñoz y Jocelyn Orejel, quienes les hablaron sobre la liga mexicana mientras entrenaban en el país. Esta experiencia abrió los ojos de las hermanas, quienes se comprometieron a regresar una vez terminaran la universidad y obtuvieran sus títulos.

La primera en hacer el viaje a la Liga MX Femenil fue Kayla, quien se unió al equipo de Atlas en Guadalajara. Aunque al principio fue difícil adaptarse sin su hermana, Kayla encontró apoyo en sus compañeras de equipo y logró superar los retos. Después de varias temporadas en Atlas, llegó el momento de un cambio que finalmente las reuniría a las tres hermanas.

Tras la universidad, tanto Kayla como Liliana terminaron jugando en la misma liga, pero en equipos diferentes. Sin embargo, todo cambió cuando Kayla recibió una llamada de Toluca y no dudó en unirse al equipo. La oportunidad de jugar juntas profesionalmente era el objetivo final para las hermanas. Además, Ashlyn, la hermana menor, también se unió a la aventura al firmar con Rayadas.

En Toluca, Kayla tuvo la oportunidad de compartir la cancha con jugadoras internacionales de renombre, lo que le inspiró a seguir adelante en su carrera. Su pasión por el fútbol y el apoyo de su familia la han llevado a perseguir su sueño de jugar profesionalmente durante el mayor tiempo posible.

Para Kayla, el fútbol ha sido parte fundamental de su vida y seguirá siéndolo en el futuro. Aunque considera otras opciones profesionales, su corazón está en el campo de juego. “Soy realmente bendecida de estar donde estoy. Jugaré fútbol todo el tiempo que pueda”, afirma con determinación.

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