Reelección con linaje, moches y sordera selectiva
La alcaldesa de Mazatlán, Estrella Palacios Domínguez, gobierna con la tranquilidad de quien cree que el poder se hereda. Su ascenso no fue producto del mérito político sino del compadrazgo entre su padre, Renato Palacios, y el gobernador Rubén Rocha Moya, lo que le permitió brincar de secretaria estatal a presidenta municipal. Ganó la lotería del nepotismo sin comprar boleto y hoy se siente lista para reelegirse en 2027, como si la alcaldía fuera patrimonio familiar. Las críticas a su gestión, para ella, son simple ruido de fondo.
Esa seguridad no proviene solo del árbol genealógico. Su administración se ha caracterizado por moches y comisiones en prácticamente toda obra pública y contrato municipal. Desde antes de rendir protesta, se pactaron “aportaciones” con desarrolladores a cambio de permisos fáciles, lo que explica que alrededor del 70% de las obras en Mazatlán sean ilegales o violen usos de suelo. El Palacio Municipal dejó de ser sede de gobierno y pasó a funcionar como piñata: todos pegan, pero solo el círculo cercano cobra.
Detrás del negocio opera “Moches S.A. de C.V.”, encabezada por Román Lizárraga Quintero —ya conocido en el puerto como RataRoman, esposo de la alcaldesa, y Abel Osuna, viejo operador de mordidas desde el gobierno, cuando actuaba bajo las órdenes de Martín Ochoa López. Osuna fue colocado como simple “portero” en la oficina de la alcaldesa, pero en realidad controla proveeduría, contratos y decisiones en el Ayuntamiento y en JUMAPAM, definiendo quién vende y a cambio de qué comisión.
Al inicio del gobierno morenista, Martín y Abel cobraban por todo. Pero Abel resultó más colmilludo: una vez consolidado el poder de Estrella Palacios, mandó a su antiguo jefe al rincón, se alió directamente con RataRoman y desplazó a Martín del negocio. Hoy, Abel y Román reparten cargos, contratos y comisiones, mientras Martín Ochoa —ya regidor— quedó fuera del reparto, pese a presumir que tenía “amarradas” las comisiones de Hacienda y Turismo. En la 4T mazatleca, la lealtad dura lo que un billete en la mesa.
La alcaldesa observa —o finge no observar— cómo operan bajo sus narices. Los aduladores la rodean, ella recibe aplausos y la factura política se le carga completa. Quien con lobos se junta, termina aullando… o compareciendo.
Con ese historial, cualquiera pensaría que Morena pondría freno. Pero no. Estrella Palacios ya opera su reelección adelantada, confiando en la estructura del gobernador y en el presupuesto municipal para promoverse. La ley se lo permite… por ahora: la reforma de no reelección y no nepotismo fue diferida hasta 2030, dejando una cómoda ventana para que las familias políticas expriman un periodo más. “No reelección”, sí, pero después.
El contraste es evidente con la postura de la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, quien el 5 de febrero de 2025, en Querétaro, anunció una reforma constitucional para prohibir la reelección y el nepotismo, sentenciando: “Sufragio efectivo, no reelección” y “no al nepotismo”. El mensaje fue claro: fuera chapulines y herederos del poder. En Mazatlán, sin embargo, nadie parece escucharlo.
A Estrella Palacios no le importa que la presidenta de su propio partido esté en contra de la reelección. Confía en el respaldo del gobernador y en que Morena local terminará alineándose. Militantes inconformes ya hablan de dedazo en 2024 para imponerla como candidata, dejando fuera a perfiles con mayor trayectoria. Si así llegó, piensa ella, así puede quedarse.
Pero el riesgo crece. Dentro de Morena hay inconformidad, y no poca. Se cocina la posibilidad de denuncias por actos anticipados de campaña y desvío de recursos. Figuras del propio partido ya lanzan advertencias: “primero que aprenda a gobernar”, “si no puede, que renuncie”. La lumbre interna está encendida.
Además, aunque la prohibición legal aplique después, políticamente Sheinbaum no quiere alcaldes repitiendo en 2027. Defender a una presidenta municipal señalada por corrupción, nepotismo y tráfico de influencias podría convertirse en un lastre para la narrativa nacional de Morena.
En síntesis, Estrella Palacios Domínguez juega con fuego: se apoya en el dinero de los moches para buscar la reelección mientras desafía el mandato moral de la presidenta. Puede sentirse intocable hoy, pero el poder prestado se acaba cuando cambia el viento. Y el viento, hoy, sopla desde Palacio Nacional.
La fiesta puede terminar pronto. Y cuando eso ocurra, ni los aplausos, ni los compadres, ni el apellido prestado la salvarán. En la 4T, la lealtad se alquila… pero la factura siempre llega. Mazatlán ya huele a tormenta.
Conclusiones:
- Los moches y la corrupción han caracterizado la gestión de la alcaldesa de Mazatlán.
- La reelección de Estrella Palacios en 2027 enfrenta críticas y desafíos dentro de su propio partido.
- La presión política y social podría poner fin a la impunidad de la alcaldesa y su círculo cercano.










