Por el Vigilante Marismeño
En los pasillos del Ayuntamiento de Mazatlán ya no se habla de política pública, ni de planeación, ni de resultados. Se habla de formas. De gritos. De desplantes. De escenas que más parecen pleito de cantina en la zona de tolerancia que dinámica de un gobierno municipal.
Y ahí aparece todos los días el mismo personaje: Moisés Ríos Pérez, el secretario que aguanta. Aguanta todo.
Quienes observan de cerca la vida interna del Ayuntamiento aseguran que Estrella Palacios ha hecho de la humillación un método cotidiano de control. Palabras altisonantes, regaños directos, tonos que no se usan ni en el mercado y que mucho menos deberían escucharse en un edificio público. El detalle no es el grito. El detalle es la sumisión.
Porque Moisés Ríos no aguanta por convicción. Aguanta por necesidad.
En los corrillos políticos se comenta que no puede volver ni siquiera como maestro a la UAS, porque de ahí lo corrieron, porque tiene demandada a la Universidad y porque, simple y llanamente, ese capítulo ya está cerrado. Renunciar hoy no sería un acto de dignidad heroica. Sería, para él, volver a la calle a patear el bote.
Y el hambre, dicen, es cabrón.
Así que mejor aguantar el grito, el insulto, la descalificación pública. Mejor bajar la cabeza. Mejor hacerse el sordo. Mejor perder la vergüenza antes que perder la quincena. La política como tabla de salvación personal, no como servicio público.
Lo verdaderamente preocupante no es la historia individual, sino lo que revela del gobierno municipal. Si así se trata al secretario del Ayuntamiento, ¿qué pueden esperar los directores, los jefes de departamento o los empleados de ventanilla? ¿Con qué autoridad moral se habla de institucionalidad cuando el respeto se queda en el discurso?
Porque no, esas palabras no forman parte del vocabulario que debería usar el secretario del Ayuntamiento de Mazatlán. No por corrección política, sino por responsabilidad pública. El lenguaje también gobierna, y cuando se gobierna a gritos, se administra con miedo.
Mazatlán no necesita funcionarios humillados ni jefes que confundan autoridad con grosería. Necesita carácter, oficio y respeto. El poder que se sostiene a base de insultos siempre termina cayendo cuando cambia el viento político.
Y ese viento, como todos saben, nunca avisa.
Atte. El Vigilante Marismeño
Conclusion
En resumen, el comportamiento del gobierno municipal de Mazatlán refleja una falta de respeto y dignidad en el trato a sus funcionarios, lo que plantea serias dudas sobre la institucionalidad y el buen gobierno.
Key Takeaways
- El respeto y la dignidad son fundamentales en el ejercicio del poder.
- El lenguaje utilizado por los funcionarios públicos debe reflejar responsabilidad y ética.
- La falta de respeto en el gobierno puede tener consecuencias negativas a largo plazo.










